
El libro de Santiago es un libro que contiene mucha actualidad, debido a la universalidad de su tema, el desafío a demostrar la fe por las obras. Es un tema que permea la vida del creyente, y que a la vez le confiere una especie de identidad como cristiano. Ahora, la fe es incrementada cada vez que se pone a prueba, y no existe otra medida para comprobar tanto la fe como el obrar de Dios en la vidad personal, que el atravesar por pruebas, desafíos, y circunstancias difíciles, que nos empujan a creer o no hacerlo. Es por eso que el tema de la prueba en la vida del creyente es muy importante para su crecimiento.
Partiendo del entendimiento que Santiago tiene como entorno un grupo de cristianos que comprenden la teología judía, o que siendo gentiles comprenden la creencia en un solo Dios, y cuyo ambiente está influenciado por el pensamiento helenista, Santiago enfatiza la práctica de la fe y la importancia de la ética en el testimonio de todo creyente para la edificación de una iglesia sólida. Un detalle importante es que es una carta, y que sus lectores son cualquier persona de Dios (en la diáspora), a quien le edifique leerlo. Por lo mismo su contenido es universal y eso es una ventaja que le mantiene actual en un mundo como el nuestro.
Una de las características que definen a todo cristiano, es que es un seguidor de Jesus, por lo que “seguir a Jesus”, implica estar dispuesto a pasar por el proceso de “llevar la cruz”. Y ese llevar su propia cruz, es conocido como el proceso del seguimiento. Entendemos que este seguimiento es parte del proceso de santificación del creyente que dura toda la vida. Por lo tanto, un creyente deberá encontrar pruebas en su camino, sabiendo de antemano que Dios no nos permitirá sufrir mas de lo que podemos soportar. Algunos autores como Dietrich Bonhoeffer[1] en su libro “El Precio de la Gracia”, nos recuerda que el seguir a Jesus implica un proceso en el que se nos invita a liberarnos de las “ataduras de este mundo”, lo cual nos coloca en una posición en contra del fluir natural del hombre sin Dios, y ahí precisamente comienza nuestro proceso de prueba, cuando nuestra lucha por agradar a Jesus nos lleva a tener que contender por lo que creemos. En Santiago 1:2-18 nos invita a tener por “sumo gozo” cuando estemos atravesando este proceso de lucha, ya que el proceso nos permite ser edificados y moldeados en nuestro carácter de acuerdo al propósito de Cristo en nosotros. En este proceso, entre otras cosas, de acuerdo a Santiago, aprendemos lo siguiente:
- Paciencia: hupomoné en griego. Se refiere a la espera paciente en el auxilio divino[2]. Se espera que nuestra espera en el Señor sea genuina, sabiendo que Dios cumple sus promesas.
- Perfección: gr. Teleios: Madurez completa. Se espera que el creyente sea madurado y transformado en el proceso de enfrentar la prueba. Cuando el sufriente Job enfrentó el terrible proceso de prueba al que fue sometido, después de su dialogo con Dios terminó reconociendo su limitación, su finitud y su humanidad. Es obvio que “creció” y fue perfeccionado a través de este proceso de prueba.
- Sabiduría: una sabiduría practica para saber como discernir las cosas de la vida, y apreciar las cosas y sucesos en su justo valor, de acuerdo con la Palabra, o como dice Matthew Henry, a “saber sufrir”[3] Un punto importante a notar aquí es que Dios es generoso, y aun en medio de las circunstancias difíciles está dispuesto a darnos a manos llenas, de su consuelo, sabiduría para entender las situaciones, fortaleza en medio del dolor, etc.
- Estabilidad de carácter: cuando somos confrontados con las pruebas, uno de los aspectos fundamentales en los que Dios se glorifica es en formar nuestro carácter. Todos nacemos con por lo menos dos temperamentos, de acuerdo con los psicólogos, y con esos temperamentos morimos. Por otra parte, nuestro carácter, está moldeado por nuestro entorno, y el ambiente que nos toca vivir. Pero si algo es absolutamente cierto, es que los temperamentos tienen dos lados, uno positivo o de ventajas, y otro negativo o de debilidades. De acuerdo con eso, cuando somos confrontados con nuestras pruebas y desafíos, Dios permite que tanto nuestros temperamentos sean pulidos, como la esencia de nuestro carácter. Salimos de las pruebas más fuertes, más sólidos, humildes, maduros, con un nivel de comprensión y resistencia mucho mejor que antes de pasar por la prueba. Esta estabilidad de carácter nos permite también ser portadores de la bendición que sigue a un tiempo difícil, porque nos permite mantenernos estables en la abundancia, sin perder el control de quien es el que provee todas las cosas.
- Humildad: del gr. Tapeinós, que significa pequeño, comparado al hebreo “anaw” que quiere decir “humilde”, se refiere más a aquel que es desconfiado de sí, y tiene puesta toda su confianza en la autosuficiencia de Dios. Son estas condiciones, mas que la carencia de fotunas y bienes, lo que aquí se contempla. Esto quiere decir que el creyente que está en una posición alta a los ojos de Dios a pesar de su condición, lo cual le añade valor. Es una perfección moral, consecuencia de las pruebas y de la posesión de sabiduría. El atravesar pruebas nos permite tener el valor apropiado de las cosas; nos permite confiar en el Señor, y nos permite ser pacientes. Dios permite el sufrimiento, tal como lo dice Bonhoeffer, para que nuestro crecimiento y enriquecimiento espiritual.
En 1 Pedro 1:6-7 encontramos un asunto similar, en el cual el autor invita a sus lectores a tener una actitud de gozo que termina en alabanza a Cristo. No que la prueba en sí produzca gozo, sino que el gozo fortalecido aun a pesar de las pruebas, permite que se alcance un nivel de solidez en el carácter a largo plazo, en otras palabras, templanza, o auto control, y una fortaleza de espíritu, que permite no solamente sobrellevar las pruebas, sino tener esa templanza para manejar también las bendiciones de la abundancia y la bonanza sin perder el norte en la vida.
Asimismo, en Romanos 5:3-5, se da un proceso similar, en el cual, el carácter formado produce esperanza, y esta esperanza dice Pablo que “no avergüenza”. Muchas veces los seres humanos buscamos elementos en la vida que nos producen satisfacción a diferentes niveles; sin embargo, en el mundo en general esos niveles de satisfacción son bastante efímeros y constantemente el ser humano está en una búsqueda incansable y cada vez más ansiosa de felicidad que nunca llega, que nunca le llena, que nunca satisface. Esta insatisfacción desemboca en una infelicidad interior, que, dicho sea de paso, solo Dios puede llenar. Esa falta de significación, o de llenura, produce que el ser humano termine autodestruyéndose, ya sea por exceso en la búsqueda de bienes materiales, de placeres, de fama, poder, o cualquier otra cosa que termina dañándole, como los malos hábitos, los descontroles de horarios, adicciones, vicios, etc. porque el ser humano sin Dios es incapaz de labrar su propia felicidad en el largo plazo.
En ese punto, es casi necesario que Dios provea al ser humano de razones por las cuales buscarlo, no necesariamente porque Dios necesite al hombre, sino todo lo contrario. Y especialmente el creyente, debe buscar a Dios en todo tiempo. Sin embargo, el creyente va a encontrar pruebas, no solamente como requisito indispensable de su proceso de maduración y precio del seguimiento a su maestro, tal como lo estableciera Jesús al decir que todo aquel que quiera seguirle, que “tome su cruz”, sino que como ser humano que necesita encontrar significación en esta vida, que necesita encontrar sentido a su razón de ser en el concepto eterno del tiempo, en el medir a largo plazo las cosas, ideas y conceptos que tenemos sobre el propósito del ser humano en el mundo.
Los tiempos de dificultad en la vida son inevitables. Sin embargo, podemos tomar diferentes decisiones con respecto a nuestro pensamiento y nuestro actuar al encontrarnos en diferentes momentos de tensión y circunstancias difíciles. En el libro de Santiago se nos invita a tener por sumo gozo cuando enfrentemos esos momentos.
En el v.2 la palabra gozo es una invitación de Dios a formar resistencia y desarrollar fortaleza para los momentos difíciles de esta vida transitoria, en medio de los cuales nuestro carácter es formado y nuestras habilidades y características son pulidas para un mejor desarrollo de nuestra vida terrena y espiritual. El término “sumo gozo”, que es también traducido como “nada faltos”, se refiere a que ese gozo nos permite tener una actitud que represente “sin carecer de ninguna cosa que se ordene a la perfección”
El termino prueba, que leemos en español, se deriva del griego “dokimion”[4], que representa explícitamente una “prueba genuina de la fe”. Esta prueba obviamente no la va a pasar quien no sea un creyente genuino, ya que un “creyente’ superficial va a tratar por todos los medios de buscar una salida de acuerdo a su propia conveniencia, sin tener la mínima voluntad de someterse a la soberanía de Dios y su presencia en la vida cotidiana.
Aunque ese término tanta en Romanos como en otros lugares en donde Pablo escribe, en algunas ocasiones tiene que ver con persecución, como parte de la cadena escatológica de la iglesia primitiva, y como parte de la persecución y martirio de ese tiempo, aun contiene una utilidad extraordinaria para nuestros tiempos.[5]
Aunque en algunas partes del mundo en nuestros tiempos modernos aún existe persecución literal a los cristianos, y existe martirio en muchas ocasiones, nuestros niveles de “prueba” en la mayoría del mundo occidental no se comparan en mínima cosa con lo que otros valientes cristianos han tenido que sufrir, hablando de martirio físico, de sufrimiento de encarcelamiento, tortura, y destrucción de su familia como en los casos de creyentes en la época primitiva de la iglesia o en casos contemporáneos de nuestros hermanos en otras partes del mundo. Sin embargo, aun a una forma más leve, todos enfrentamos niveles de prueba, ya sea por un ataque de Satanás, por una situación de enfermedad o limitación física, por un problema con la familia o con otra persona, por problemas económicos extremos o situaciones legales fuera de nuestro control, entre otros, aunque obviamente estas situaciones no son tan fuertes como la tortura o el martirio, en muchas ocasiones sentimos desfallecer, especialmente cuando nuestro testimonio como cristianos está e juego. Sin embargo, aquí es a donde Santiago se refiere como a que nuestra “prueba” o “test genuino de fe”, produzca en nosotros una fortaleza de carácter que desarrolle no solamente una persona más fuerte sino que nos permita tener un testimonio más brillante, una vida más resistente al dolor y una fe más dependiente en nuestro Dios.
Es interesante que en los primeros versículos de Santiago 1, el escritor no prohíbe al creyente todo esfuerzo por querer pasar o salir de la prueba, sino que su énfasis es que todo creyente genuino tenga la actitud apropiada al enfrentar las circunstancias difíciles y no intente salir de ellas por medios pecaminosos, como cualquier hombre sin Dios lo haría.
Conclusion
Santiago acentúa la práctica de la fe como elemento básico del crecimiento del cristiano, y el aspecto ético es importante para practicar esa fe. Las pruebas fortalecen nuestra fe y estrechan nuestra relación con el Cristo redentor.
En nuestro tiempo tendemos a evadir el dolor, la dificultad, la prueba, y toda cosa que rompa nuestra comodidad, de la manera más rápida, menos costosa, aunque a veces a un precio que no calculamos inmediatamente.
La prueba no solamente es necesaria, sino que representa, como dice Dietrich Bonhoeffer, que nuestra pertenencia al Reino de Cristo se hace patente en nuestra vida material. El participar de los diferentes sufrimientos nos hace recordad el trato que tuvo Jesus en el mundo, y el ser parte de los sufrimientos, en vez de ser una cosa desagradable, debería causar en nosotros un sentimiento de honor al ser parte de ese reino eterno de Jesucristo.
Santiago nos invita a enfrentar el test de la vida, de las pruebas, las dificultades, los reveses de diferentes indoles, de una manera apropiada, sabiendo que Dios tiene un propósito para nosotros en el correr del tiempo.
Es necesario para el hombre y la mujer de Dios hacer frente a esas dificultades. El resultado de pasar por ese proceso no solamente nos hará más fuertes, sino que nos permitirá ser buenos mayordomos y disfrutar de bendiciones extraordinarias en el momento que Dios considere bendecirnos.
[1] Bonhoeffer, Dietrich. El precio de la Gracia.
[2] Henry, Matthew. Comentario Bíblico. Pag 1825
[3] Idem.
[4] Black’s New Testament Commentary: The Epistle of James.
[5] Idem.

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