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La segmentación y fragmentación de la iglesia cristiana evangélica en nuestro contexto se debe en parte a la oferta de mercado en la que ha caído en este tiempo de postmodernismo. Otro de los problemas es la falta de educación, y podríamos mencionar también a la tradición evangélica, entre otros. Parte del problema es la conceptualización que se tiene sobre la doctrina de la salvación. En esta ocasión analizaremos el tema sobre quien es salvo hoy en nuestro contexto. Se concluye con la interrogante individual: ¿soy salvo? Se intentará que el lector al final de esta lectura pueda contestar individualmente de manera segura.
- Descripción y análisis: Dependiendo de a qué denominación pertenezca una iglesia, más otros rasgos como la cultura y la demográfica, su concepto general u oficial de la salvación va a variar. Es decir, podríamos concluir que la doctrina de la salvación en el ambiente popular de la iglesia hispanoamericana es muy diversa, y al ver esta diversidad, observamos que todos los grupos, o por lo menos la mayoría de los grupos dicen tener la verdad o la “sana doctrina”. En años previos al denominacionalismo se tenía, por lo menos en Europa, las iglesias nacionales, y vemos la influencia de la iglesia inglesa, alemana, suiza, etc., ejerciendo fuerza en algunas doctrinas más que en otras. En un contexto más latinoamericano, al recibir misioneros enviados de grupos o denominaciones, el nacional recibió como una pizarra en blanco la influencia de este mensaje, con quizá la excepción de la influencia única que conocía del cristianismo: la iglesia católico romana, que había habitado en el país desde la llegada de los conquistadores españoles, la cual influyó de manera extraordinaria y contundente no solo en la formación de una visión sobre el cristianismo, sino en la transformación de las religiones precolombinas existentes en el entorno local en un sincretismo que vendría a formar un tercer grupo con el paso del tiempo. Vemos las costumbres indígenas mezcladas con el cristianismo, y no es raro aun en pleno siglo XXI ver por ejemplo a un cristiano evangélico de alguna aldea del altiplano guatemalteco curando de “ojo” a su hijo con fiebre, atribuyendo ciertos poderes místicos al rito curativo, al pasarle unas ramas o un huevo de gallina en el cuerpo a su hijo mientras recita alguna especie de oración. Este fenómeno tan enraizado en la población, es un ejemplo sencillo de cómo la información recibida se mezcló con elementos precolombinos, y la doctrina de la salvación no es una excepción. Es importante mencionar acá que la iglesia cristiana tiene un concepto claro y una descripción general que más bien es conocida como la Doctrina de la Salvación, comenzando el proceso con una elección por parte de Dios hacia el individuo. A esta elección le sigue un llamado, al llamado la justificación, que trae consigo una regeneración al momento de ser salvo, y esto ingresa al individuo al proceso de santificación, el cual durará por el resto de su vida, y cuando parta de esta tierra, estará en el proceso de la glorificación. Este es el proceso que encontramos en toda la historia bíblica y que forma parte de la historia del hombre con Dios. Siempre la salvación ha sido por fe. Los reformadores se pronunciaron entre otras cosas, en sola fe y sola gracia, dando a entender que estos principios son elementales para ser salvos. La iglesia cristiana tiene como punto de partida la salvación a través de Jesucristo, y solamente por El, y por medio de Él. Citas como Romanos 3:23, 6:23, Juan 3:16, Romanos 5:8,[1] dan muestra del trabajo y la intención de Dios para salvar a su creatura. La doctrina de la salvación no ha cambiado en la biblia, y Dios sigue siendo el mismo. Pero dentro de este análisis vemos otras fuentes de influencia además de los antecedentes históricos, y son los movimientos dentro del cristianismo. Uno de ellos, en los 100 años anteriores, conocido como el movimiento neopentecostal, encontró en los cambios sociales y económicos una forma de atraer adeptos por medio de acercarse a partes sensibles de los habitantes sobre todo de países tercer mundistas. Parte de los problemas son la pobreza y la desigualdad. Entre otros, la Teología de la Liberación proponía una soteriología más basada en las necesidades sociales del individuo.[2] El neopentecostalismo utilizó algunos elementos de la teología de la liberación para acercarse a estas áreas sensibles del individuo, y llevarle por un proceso de catarsis a medida que, “sintiera” que sus necesidades están siendo llenas, y con esa percepción, su comprensión del proceso salvífico ha sido transformado a un concepto más “suave” y más “humanista” de la salvación. La proliferación del neopentecostalismo y la Teología de la Prosperidad, han manipulado y desvirtuado el tema de la salvación, ofreciéndole lo que Dietrich Bonhoeffer llamaría “Gracia Barata”, donde al pecador se le ofrece un “perdón sin arrepentimiento”[3] Al mismo tiempo, se ha desarrollado el posmodernismo y junto con el la globalización de la tecnología, lo que ha hecho que la información, cualquiera que esta sea, esté al alcance de la mano literalmente, y con ello, la ola de multitud de opiniones sobre Dios, la salvación, etc. etc. En este contexto, el neopentecostalismo aprovecha la segunda ola y monta una alianza con elementos de gnosticismo, positivismo, secularismo, y relativismo, concluyendo en una especie de sincretismo, el cual el individuo común y corriente no advierte, y se deja llevar por movimientos que en última instancia están más interesados en aspectos económicos y de poder social, más que en la Doctrina de la Salvación. El problema es que este tema cambia por completo el objetivo de la Gran Comisión, y el objeto es sustituido por algo mucho menor que la salvación del hombre: su dinero y su lealtad. Dado este movimiento nos es necesario recordar lo que nos dice John MacArthur: “un verdadero cambio de mente, da necesariamente por resultado un cambio de conducta.”[4] Sin embargo, es la realidad que se está viviendo: una gran cantidad de personas que no creen, una gran cantidad de creyentes en algo que no es salvación, y una pequeña porción de individuos que han conocido realmente a Cristo y el concepto bíblico de salvación. Pareciera que la respuesta genérica a la pregunta sobre ¿Quién es salvo en nuestro contexto? Sería: no sabemos. Esto porque las iglesias están llenas de todo. Es interesante como palabras griegas como “Peithos” = obedecer y “pisteuo” = creer en el Nuevo Testamento son tan inseparables, pero hoy parecen tan ignoradas. Al juntar estos dos términos, el individuo pasaría a formar parte de “los fieles”[5], los cuales no van a ceder al mundo porque han puesto su confianza en Cristo, y, por consiguiente, por haber entendido el proceso, van a ser obedientes. No puede haber perdón sin arrepentimiento, y no puede justificarse al pecador que no se desliga de su pecado. Eso sería una “gracia barata” como ya hemos mencionado anteriormente. Sin embargo, la iglesia está llena de personas que están en “la puerta ancha” creyendo que están yendo por “la puerta estrecha”. Una simple oración, un levantar la mano, una confesión positiva no salvan. Se necesita a Cristo, y solo a Cristo para ser salvo, y acompañado de esto, una comprensión básica de lo que Cristo hace cuando llega a la vida del individuo, para poder, al entender, tomar una decisión sobre Jesús llamado el Cristo y la salvación.
- Implicaciones contextuales para la iglesia y el contexto latinoamericano: ¿Qué significa esta variedad de mensajes y conceptos sobre la salvación? En primera instancia, de acuerdo al orden bíblico, habría una gran cantidad de “cizaña” en nuestros tiempos, aunque probablemente siempre los ha habido. Seguidamente, es importante mencionar que esta diversidad diluye el mensaje y daña a la iglesia. Tercero, en el contexto específico de la iglesia cristiana evangélica en Estados Unidos, que es donde este servidor trabaja, crea mucha confusión, porque los miembros de las iglesias, muchas veces son de diferentes países, que eso ya representa una variedad, luego son de diferentes entornos socioeconómicos y educativos, y por último vienen de iglesias con doctrinas muchas veces diametralmente opuestas, que lo que al pastor le toca es re evangelizar y discipular nuevamente a sus miembros. Sin embargo, en el proceso de aprendizaje, ocurre que muchas veces hay migración interna o abandono de la iglesia por parte de dichos miembros, lo que hace de la tarea algo aún más difícil. Además, en ese proceso de enseñanza – aprendizaje, es muy difícil para el individuo “desaprender” los conceptos que creía correctos en su iglesia de origen. Con el tiempo, el avance del evangelio sigue siendo lento. Esto sin embargo no desanima a siervos de Dios genuinos que siguen haciendo su trabajo día con día.
CONCLUSION: Vivimos en tiempos cambiantes y desafiantes. Sin embargo, Jesús mismo dijo que El edificaría su iglesia y que “ni las puertas del hades” prevalecerían contra ella. Muchas veces las mismas armas de destrucción de la fe son elementos en sí mismos que pueden ser utilizados para dar luz, llevar a la biblia y a la salvación. Aunque el ejemplo a continuación podría no ser el mejor, contiene alguna validez. Por ejemplo: basta con escribir en Google: “Quién puede ser salvo hoy y quién no?” y vamos a encontrar entre la multitud de opiniones, hermanos con buenas bases bíblicas que van a tener una respuesta apropiada, por ejemplo, encontramos al hacer el ejercicio el siguiente ministerio: GotQuestions.org[6], que nos proveyó de una sencilla, pero clara y correcta respuesta del proceso salvífico.
Por otro lado, una promesa que vemos a través de las Escrituras, es que a Dios no se le perderá ninguna oveja. Vemos también que no todo el que le llame “señor, señor” es su seguidor. De hecho, muchos serán sorprendidos en aquel día, cuando se presenten delante de Dios y El los eche fuera.
Nos toca, como hijos de Dios, enseñar con amor, incansablemente, sabiendo que Dios añadirá cada día, los que han de ser salvos. Si nos preguntamos cada uno ¿Soy Salvo? Concluiremos que, dependiendo de la Gracia de Dios en nuestra vida, y por supuesto nuestra comprensión personal de la Doctrina de la Salvación, eso nos debería llevar a una reflexión y clamor por nuestra salvación personal antes de intentar ayudar a otros. Si ser cristiano significa ser seguidor de Jesús, ser un seguidor significaría ser fiel y obediente. ¡Que seamos hallados fieles!
[1] Biblia Reina-Valera 1960.
[2] Boff, Leonardo & Boff, Clodovis. Teología de la Liberación.
[3] Bonhoeffer, Dietrich. El precio de la Gracia.
[4] MacArthur, John F. El Evangelio según Jesucristo. P.160
[5] Idem.
[6] https://www.gotquestions.org/Espanol/quien-puede-ser-salvo.html

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