Lo que no es: copiar algo que oimos unicamente, recitar algunas lineas de alguna clase tomada en el seminario, recitar un pasaje favorito.
Hay una gran necesidad de una predicacion y exposicion apropiada de la Palabra de Dios en nuestro tiempo. Una definición bastante acertada es la siguiente:
“proclamar las verdades transformadoras del evangelio de Jesucristo de un pasaje que ha sido entendido correctamente, aplicado de una manera práctica y lógica, y presentado con la ternura y pasión de uno que ha sido quebrantado y restaurado por las mismas verdades que comunica en el púlpito. Tú no puedes hacer nada de esto sin la preparación, la meditación, la confesión, y la adoración.” – Paul David Tripp.
Cuando tenemos el privilegio de pararnos en el púlpito a compartir el mensaje de la Palabra de Dios, somos por un lado un canal que transmite lo que Dios quiere decir a la iglesia, y por otro un manantial que debe brotar de lo mucho que tiene dentro. Por esta razón, es imprescindible una interacción con Dios y Su Palabra, un tiempo dedicado a la oración, y por supuesto una reflexión personal y profunda, una meditación genuina, auténtica, una vivencia previa con Dios, para poder transmitir un mensaje que lleve poder a quien lo escuche y le desafíe a permitir que Dios realice una transformación interna que provoque cambios perdurables en la vida del creyente.

Leave a comment